martes, 11 de abril de 2017

Agua Azul, Aluxes y Misol-Ha, Chiapas, México

El estado de Chiapas ya no posee cenotes que nos maravillen, donde poder bañarse, saltar, ser comidos por pequeños pececillos o simplemente relajarse en su inmensidad y fresca agua. Pero si posee otros caprichos naturales, como son los ríos serpenteantes que forma lagunas naturales donde poder bañarse, o caídas de agua que nunca mengua con fuertes corrientes de azules intensos. 
Así es Agua Azul, formado gracias a los afluentes del río Otolún, que forma una continuidad de cascadas siendo la más alta seis metros, es decir, no muy altas pero sí muy caudalosas, con la singularidad del color del agua, un azul cielo intenso. Por desgracia para nosotros los dos días anteriores había estado lloviendo fuertemente y este color de agua no se pudo apreciar, fue más bien “Agua Verde”, pero esto no fuere razón para que no disfrutamos sus muchos puntos de cascadas o nos bañamos en las zonas acondicionadas para ello.

Bañarte ahí es todo una experiencia, intentar nadar a contracorriente para poder moverte alrededor y notar como no te has movido casi ni un metro, para luego relajarte y dejarte llevar por el agua. Estas zonas son una pequeña balsa, creada naturalmente, entre cascada y cascada, dónde hay un vigilante que te advierte de las corrientes.

Conforme estamos describiendo el lugar parece que hablamos de un río salvaje, totalmente aislado en medio de la selva. Ni mucho menos. La entrada cuesta 40 pesos (2€) y esta repleto de restaurantes de comida típica chiapaneca y tiendas de souvenirs, todo ello acondicionado con escaleras, barandillas y miradores desde la misma entrada hasta el final del tramo.
 
Los últimos metros del río tienen un coste de 35 pesos (1,7€) para poder visitar el nacimiento del río acompañados por un guía local perteneciente a la comunidad que maneja las instalaciones.
Dentro de este entorno de pura naturaleza, en la carretera entre la ciudad de Palenque y la zona arqueológica, nos encontramos con el ecoparque de Aluxes. El alux es el equivalente al elfo en la cultura maya, es un protector de la naturaleza. Pues bien, con este bonito nombre ya nos dio muy buena espina el lugar, aún así al entrar preguntamos a la recepcionista sobre el trabajo que llevan a cabo, cuales son exactamente sus cometidos. Nos explicó que debido a toda la tala masiva, destrucción de la naturaleza y el tráfico de especies junto con la indiferencia de la población, se creó un centro de conservación, rescate y reintroducción de flora y fauna. Para ello han creado un ecosistema donde aúnan humedales y bosque que atrae a un sinfín de fauna de forma natural y consigue crear un perfecto ambiente para aquellos animales que rescatan y tienen la misión de devolverlos a su ambiente natural, aunque por desgracia eso no siempre es posible.
 
Como un gran ejemplo del trabajo realizado por el parque nos encontramos con la historia de las guacamayas, estas se extinguieron en la zona de Palenque hará más de 70 años. Desde el parque lograron convencer a Xcaret, un parque de entretenimiento ubicado cerca de Playa del Carmen, para que les cediese polluelos de guacamaya roja junto al Instituto de Biología de la universidad Nacional Autónoma de México, y mucho trabajo, han vuelto a llenar el cielo de azul, rojo y amarillo, colores de este animal.
 
Además de esta especie también trabajan en la liberación de monos saraguato rescatados de traficantes cuando fueron separados de sus madres siendo pequeños, e incluso manatíes a los que pudimos observar cuando unos niños les dieron de comer. Como antes hemos mencionado, hay animales que nunca podrán dejar las instalaciones, como los cuatro jaguares que tienen, nacidos ya en cautiverio, o aves a las que se les cortaron las alas y ahora son incapaces de volar, como pasa con un águila o varios flamencos.

Incluso tienen varias tortugas africanas rescatadas de zoológicos “domésticos”. Nosotros quedamos maravillados por el gran trabajo y el esfuerzo dedicado a ello, por la pasión hacia la naturaleza que se respira en el lugar y la profesionalidad de estas personas. Preguntamos incluso si tenían programa de voluntariado, lo cual tienen, pero por el trabajo que se realiza es necesario tener estudios especializados.
Una pena pues nosotros no los tenemos, pero desde aquí animamos a quien esté interesado a lanzarse a ello y buscar información en esta asociación.
www.ecoparquepalenque.com
Antes de viajar a nuestro próximo destino, Comitán de Domínguez se nos planteó la primera duda de difícil elección, y la que nos costó cerca de tres días decidirnos. Desde que pusimos el primer pie en México no paramos de escuchar recomendaciones sobre evitar la carretera entre Palenque y San Cristóbal de las Casas, o su ramificación a Comitán de Domínguez, nuestro próximo destino. Entre las habladurías de la gente se oían historias de todo tipo, pero para no dramatizar con anécdotas del boca a boca resumimos que esta carretera es famosa por los asaltos a los autobuses, especialmente en viajes nocturnos.
Como nosotros no queremos creer historietas decidimos comprobar los hechos por nosotros mismos. Una vez en Palenque nos dispusimos a comprobar el estado de la misma y el nivel de peligrosidad preguntando a locales, agencias de transporte y a todo el que creíamos que podría darnos información creíble. En definitiva, todos coincidían en la misma versión, que sí, en el pasado había sido un lugar con alta posibilidad de asalto, incluso habían prendido fuego a un autobús de la compañía ADO, por la que está prefería dar una vuelta de ocho horas por evitar la ruta, pero que ahora mismo la situación estaba totalmente controlada, y que lo único que íbamos a encontrar es un “peaje” impuesto por los locales indígenas, que pagaría el conductor de nuestro colectivo para que pudiera circular sin problemas.
Así que haciendo caso de los consejos de quién conocía la ruta y la realizaba casi a diario, partimos hacia Comitán de Domínguez en un colectivo, pero de camino paramos en la cascada de Misol-Ha, ya que en días anteriores no tuvimos tiempo de visitarlas. Menos de una hora de viaje, y sin ningún incidente, nos condujeron por una carretera de impresionantes vistas entre selva y valles, hasta el cruce de la carretera que baja a las cascadas, eso si, los siguientes dos kilómetros después del desvío había que hacerlos caminando, mochilas a la espalda, pues no había transporte que poder tomar. Por suerte era cuesta abajo y el sol no estaba fuerte, aún era temprano. Tras el pago de 20 pesos (1€) dejamos las mochilas en la recepción de un hotel que se encuentra en la entrada de la cascada y nos decidimos a hacer una visita rápida.
 Al llegar a la cascada quedamos impresionados por su belleza, pues sus cuarenta y cinco metros de caída a una pequeña laguna, nos hacía sentir diminutos ante tanta fuerza del agua. La cascada puede ser vista desde dos diferentes ángulos, el primero de frente, bajando a pie de la laguna para apreciarla en su totalidad.

El segundo ángulo desde un caminito que la recorre por detrás y por el que uno puede sentir las microcascadas que recorren la roca, dejarte empapar por las gotas de agua flotando en el aire tras el impacto de la caída y disfrutar de la cascada desde el interior como una cortina de agua que no permite ver que encontramos al otro lado.

Ya empapados por el vapor del agua decidimos que era hora de volver a la ruta, pues teníamos un largo e intenso día de transporte por delante. Recogimos las mochilas pero el recordar como era la cuesta hasta el cruce dónde nos recogería un nuevo colectivo se nos quitaron las ganas de andar, así que preguntamos en el hotel si había alguna forma para que alguien nos acercara los dos kilómetros de pendiente hasta el cruce. En el restaurante nos dijeron que una camioneta había viajado por la mañana a Palenque a hacer algunos recados, estaría a punto de llegar y saldría de nuevo a hacer más recados, así que decidimos esperar unos diez minutos. Cuando esta llegó hablamos con el conductor y acordamos un precio por el que llevarnos cuando acabase de comer (quince a veinte minutos más). A los cinco minutos de espera vimos aparecer una joven pareja de mexicanos que venían de visita a la cascada y viajaban en una gran furgoneta, les pedimos sin podían acercarnos al cruce y amablemente accedieron. Anulamos el trato con el señor de la camioneta y tuvimos suerte, pues los chicos iban en la misma dirección que nosotros, así que no solo nos acercaron al cruce, sino que viajamos juntos hasta las cascadas de Agua Azul, unos 45 km por la misma carretera, que ellos iban a visitar y nosotros habíamos visto el día anterior. La única condición para llevarnos fue que Carlos viajará en la parte trasera de la furgoneta, tumbado sobre una manta, un montón de maderas y herramientas de trabajo pues solo había un asiento libre delante.
El viaje fue de lo más agradable, pues ambas parejas nos preguntábamos sobre aspectos cotidianos de nuestros diferentes países y el trayecto que duró alrededor de una hora nos hizo disfrutar de lo que podemos llamar una corta pero bonita amistad. En uno de los puntos del camino vimos alzada una cuerda con banderitas de punta a punta de la carretera y pensamos que se debía al “peaje” del que nos habían hablado, pero no era ese el motivo de que fuéramos detenidos, sino que una madre con dos niñas tenía un negocio de venta de comida obligatoria. Y decimos obligatorio porque la madre se situó delante de la furgoneta para que no pudiéramos avanzar, mientras que las niñas vendían a través de las ventanillas hasta que no compramos algo no se apartaron para darnos paso, un negocio bastante efectivo. Un poco más adelante ya si encontramos el verdadero “peaje”. Decenas de hombres situados en medio de la carretera paraban a todo el que pasaba por ahí, se le colocaba una madera con clavos delante de las ruedas y hasta que no pagaban el precio estipulado por la comunidad (100 pesos, 5€) no dejaban pasar. Para informar de porqué pedían el dinero nos dieron una nota que explicaba que había dos personas de la comunidad ingresadas en el hospital por un accidente de coche ocurrido el 31 e diciembre y que como el gobierno no se encargaba de los gastos médicos, muy a su pesar tenían que financiarse así. Una vez pagado abrieron el paso para que siguiéramos nuestro camino. Hay quienes dicen que son zapatistas buscando financiación, otros que son contratados por el gobierno para poder culpar a los zapatistas y así oprimirlos fácilmente, nosotros solo queríamos poder pasar y llegar hasta Comitán.
Una vez llegamos a las cascadas de Agua Azul nos despedimos de los chicos y tomamos un colectivo al siguiente lugar intermedio, el pueblo de Ocosingo, dónde el colectivo nos dejó en el otro lado del pueblo y tuvimos que cruzarlo entero hasta llegar al mercado donde encontraríamos el siguiente transporte. Cruzar Ocosingo fue toda una experiencia, pues la gente nos miraba como si fuésemos de otro planeta, pues parecer ser que esta no es una ruta muy habitual para turistas. De Ocosingo fuimos transportados a Altamirano, en un colectivo donde una amable anciana no paraba de preguntarnos por nuestro viaje y nuestro país. Mientras conversamos con ella pudimos apreciar que entre la selva se encontraban pequeñas aldeas zapatistas, donde las pintadas en las paredes de las escuelas hacían referencia al subcomandante Marcos, cabecilla de la revolución de 1994 en el estado de Chiapas. De Altamirano a Comitán fuimos conversando con un profesor de primaria que nos hizo el camino mucho más llevadero y nos dio información sobre el área zapatista donde nos encontrábamos, su organización social, financiación, etc…
Una vez en Comitán de Domínguez nos miramos, reímos y analizamos la situación, pues habíamos viajado por la carretera más temida al sur de México, parte de ella en autostop, y sin incidente alguno. Acabábamos de aprender una gran lección y es que no hay que hacer caso de los rumores, sino filtrar la información con fuentes fiables y tomar decisiones desde la razón, no desde el miedo infundado.
Recorrimos el centro de Comitán en busca de un hotel donde alojarnos y poder descansar. El viaje había sido muy intenso, tanto física como psicológicamente.

domingo, 26 de febrero de 2017

Palenque, Chiapas, México

Tras pasar todo un día en la estación de autobuses por problemas en las carreteras con la subida de precio de la gasolina (hasta un 20%) y unas seis horas en el autobús llegamos a las 5 am a Palenque, muy cansados y medio dormidos.
Estamos en un nuevo estado, en Chiapas, la zona más al sur de México, la más pobre y olvidada por el gobierno, pero la más rica en recursos naturales; hogar de las poblaciones indígenas y de la selva Lacandona.
Habíamos oído sobre un tipo de hospedaje bastante interesante: un conjunto de 5 complejos de cabañas ubicadas en la selva chiapaneca, rodeadas de intensa naturaleza, animales y ríos, sin comodidades tecnológicas, sin wifi.
A unos 15km de la localidad se encuentra la zona arqueológica de Palenque, antes de llegar a ella está este complejo de cabañas: el Panchan. Un taxi nos llevó hasta allí nada más llegar a Palenque, pero como ya hemos dicho, no tiene comodidades tecnológicas, por lo que las recepciones no tienen ordenador ni mucho menos internet, no se puede hacer reservación. Volvimos por donde vinimos y buscamos un hostal en el pueblo donde pasar el resto de la noche e intentarlo al día siguiente. A la mañana siguiente, al volver nos contaron que su sistema de hospedaje es algo así como quien primero llega se lo queda, habíamos llegado tarde y ya no había cabañas disponibles. No pasa nada, tenemos todo el tiempo del mundo, mañana lo intentamos otra vez y llegamos más temprano. Llegamos a las 8 am, una pareja dejaría una cabaña libre, solo teníamos que esperar a que se fueran, ¡conseguido! Y mereció la pena.

Pasas la recepción, caminas por un paso rodado de vegetación de un verde intenso y llegas hasta un río, de agua clara y tranquila, cruzado por un puente de madera y ahí aparecen unas cinco cabañas, cuatro de ellas más pequeñas y en la orilla de ese río, con un balcón sobre él, y otra cabaña, al fondo, más grande, dividida en cuatro cuartos más. Pues el más alejado e todos, era el nuestro, con la puerta dirección a la vegetación, totalmente salvaje.

En este lugar te rindes con la naturaleza libre, sientes el aire fresquito, oír los pájaros y sobretodo ver a los sereques, una especie de roedor que vamos a sus anchas por las cabañas.
Palenque es una zona de pura naturaleza, de verdes intensos con ríos de agua cristalina, es por ello que nos informamos sobre la posibilidad de realizar un tour en la selva. Por casualidades de la vida, de esas que uno se alegra, nos encontramos a un guía que estaba juntando un grupo para el día siguiente. Con nosotros ya seriamos siete, un número perfecto, pues nos permitía rebajar el precio de 150 pesos (7,5€) a 100 pesos (5€) cada uno. Para decidirnos nos acercamos a conocer a los demás integrantes, estos resultaron ser dos chicos de Barcelona y tres chicas argentinas que llegarían justo antes de comenzar el tour. Después de conocernos quedó todo decidido, al día siguiente haríamos un paseo por la selva y conoceríamos las ruinas de Palenque.
Quedamos a eso de las 9.00 para comenzar el tour. Primero una furgoneta nos llevó unos 4 km hasta la entrada del sendero, un lugar que parecía bastante accesible hasta que comenzamos a caminar unos metros y dejamos atrás el camino, íbamos guiados a ciegas a través de la espesura de los árboles, pequeños riachuelos y raíces formando escaleras para alcanzar la cima de pequeños montículos. El mayor propósito del tour es conocer una parte inexplorada de templos y ruinas mayas que continúan entre la selva, sin tocar, como abrazados por la vegetación surgida alrededor de ellos, parecían puros e incluso más mágicos que las ruinas descubiertas. Uno de ellos tenía una apertura sin cubrir, por lo que los chicos, más valientes, se introdujeron un poquito, solo un poquito, pues estaba lleno de pequeños murciélagos que se despertaron por la luz de las linternas y amenazaron por echar a volar. Durante el recorrido pudimos observar un curioso parásito que se aferra a los troncos de los árboles, como si fuera otro árbol que lo abraza, y lo va secando poco a poco hasta que absorbe todo y el árbol muere. Parece algo negativo para la fauna y que se debería intentar parar o por lo menos controlar, pero como nos explicó el guía, esto es parte de la naturaleza, permite que la selva se reconstruya y siempre siga viva, en movimiento.

Durante el paseo también nos mostró lianas tan gruesas y resistentes que es posible treparlas, árboles de cientos de años y templos, muchos templos enterados entre esta vida, algunos atravesados por algún árbol y otros que únicamente se mantienen en pie gracias a ellos. Y como colofón a estas casi tres horas de caminata, ya llegando a nuestro final, pudimos observar una familia de monos saraguato, o mono aullador, en lo alto de la copa de los árboles, mientras comían y jugaban. Parecen seres de goma al saltar, tan pequeños.
Nuestro tour terminó en la misma entrada de las ruinas de Palenque. Ya nos dijo el guía que estás ruinas son solamente el 2% de lo que en su día fue la ciudad, y de todo lo que hay escondido entre la selva. Ruinas que para poder estudiar deberían limpiar de toda naturaleza, lo que significa que habría que destruir una gran parte de la selva, razón por la cuál no se hace.

La zona arqueológica de Palenque se convirtió en Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987, y no es para menos, es un emplazamiento impresionante, gigantesco. La antigua ciudad, se estima que sean unos 40 kilómetros cuadrados, pero excavado son solo 2,5 de ellos. Este territorio se divide en dos zonas, norte y sur. La sur está formada por dos grandes plazas con un total de siete templos dedicados al culto hacia dioses, y la tumba de la mujer del gran monarca Pakal II, la Reina Roja, llamada así por los vestigios de una tinta roja impregnada en sus huesos y paredes de la tumba.

Sarcófago de gran importancia, pues era común que la gente fuese enterrada en la tierra, son solo dos los sarcófagos encontrados en esta ciudad, de ahí se intuye la importancia de esta mujer. Este lugar se puede visitar y observar el rojo que aún se mantiene impregnado a la roca; y como no, también encontramos un juego de pelota, algo más pequeño que los vistos anteriormente.

Como gran construcción se encuentra el Templo de las Inscripciones, ubicado sobre una pirámide escalonada desde donde se puede observar el lugar desde las alturas, rodeados por la espesura de la selva y entre grandes colinas.

En esta antigua ciudad un pequeño río pasa silencioso, casi desapercibido hasta que accedes a la zona norte del complejo, dónde comienzas a bajar unas escaleras, escalón a escalón, casi interminables, hasta que lo escuchas y de repente lo ves, como el agua cae, estruendosa, una gran cascada de un azul cielo nace de ese rio tan silencioso. Una auténtica belleza de esta naturaleza salvaje e incontrolable.

Sin duda para nosotros Palenque ha sido uno de los sitios arqueológicos más bellos en los que hemos estado hasta ahora, tanto por la naturaleza como por la arquitectura del lugar.
El tour más la visita a las ruinas nos llevó todo un día, los siete volvimos andando a las cabañas totalmente agotados pero aún comentando todo lo vivido, visto, tocado y olido durante este intenso día.

martes, 21 de febrero de 2017

Campeche, Campeche, México

Al empezar a diseñar un pequeño mapa de ruta sobre el viaje, con la idea de que los planes están para deshacerlos, nunca tuvimos en cuenta los estados que separan Yucatán de Chiapas, es decir, Campeche y Tabasco, pensábamos pasárnoslo por alto. Pero una vez en el viaje empezamos a informarnos sobre la ciudad costera de Campeche y, además de poder acortar el camino de unas 9 horas entre Mérida y Palenque (idea inicial de ruta) parecía que la ciudad ofrecía una serie de atractivos que nos podían interesar.
En primer lugar es un sitio mucho menos turístico que los que hasta ahora habíamos visitado, o como mínimo el turista era totalmente diferente, con un enfoque mucho más cultural y principalmente un turismo nacional. En segundo lugar la UNESCO ha declarado la ciudad como Patrimonio Cultural, así que sería una parada perfecta antes de adentrarnos en el más que esperado estado de Chiapas.
Llegamos a Campeche sobre las dos de la tarde y nada más bajarnos del autobús sentimos como una ola de calor húmedo invadía nuestros cuerpos, aunque si es cierto que el sol apretaba con menos fuerza que en anteriores ciudades, la cercanía al mar nos hizo sudar durante toda la estadía, día y noche. La estación de autobuses se encuentra a las afueras de la ciudad, bastante alejada del centro histórico, así que preguntamos un bus local que pudiera acercarnos, por suerte los buses urbanos que hemos encontrado hasta ahora cuestan alrededor de siete pesos (0,35€), lo que nos facilita desplazarnos dentro de las ciudades. Al ser ya principios de enero (parece que finaliza la temporada alta) y la ciudades menos turística, nos aventuramos a llegar sin reservar un hospedaje, por lo que nos tocó caminar mochilas al hombro en busca de algo que se ajustase a nuestro presupuesto (nos hemos dado cuenta que en internet no se anuncian los más económicos). Paseando por el centro histórico encontramos algunos hoteles de precio medio-alto, pero no nos pudimos creer que en una ciudad menos turística no hubiese algo económico, de verdad. Por lo que habíamos visto en otras ciudades cerca de la estación de autobús de segunda clase (esta si se encuentra cerca del centro) suele haber hotelitos con menos lujos y más baratitos. Y así fue, encontramos un humilde hotel por el que pagamos la tarifa más baja desde que comenzamos el viaje, 200 pesos (10€). Será cuestión de seguir este método. Una vez instalados buscamos un lugar donde comer y paseamos por el centro histórico.
Pues bien, la belleza de Campeche consiste en que se trata de una hermosa ciudad amurallada, con baluartes en cada una de sus esquinas, una puerta de Tierra y otra puerta de Mar, y en su interior preciosas casas coloniales, cada una de un color distinto y de altas aceras por las que pasear.

En el interior de la muralla se encuentra también la plaza central, adjunta a la catedral de la ciudad, la llena de vida calle 59, con sus restaurantes turísticos y casas de artesanías, más dos iglesias construidas en la época de la conquista. De hecho, Campeche fue un importante puerto desde donde las colonias españolas enviaban los tesoros a la corona española, siendo muchas veces interceptados por piratas ingleses, franceses u holandeses que deseaban compartir los tesoros entre los distintos imperios. Los ataques de piratas en la ciudad no solo provocaron su fortificación con una muralla que rodase el centro, sino también la construcción de dos fuertes, uno a cada extremo, en lo alto de dos cerros donde la amplitud de visión hacia el mar y el poder privilegiado de la altitud les permitía defender la metrópoli a golpe de cañonazo. En el extremo sur de la ciudad se encuentra el Fuerte de San Miguel, hoy en día un pequeño pero interesante museo de la cultura y costumbres mayas con algunas piezas arqueológicas de los emplazamientos de ruinas cercanos, entre ellos Edzná y Calakmul y que puede disfrutarse por 50 pesos (2,5€) la entrada. 


 En el extremo norte se encuentra el Fuerte de San José el Alto, convertido hoy en día en un museo de armas y reproducciones a escala de distintos barcos de la época. Aunque en internet decía que la entrada era de 45 pesos, a nosotros no nos cobraron, así que suerte para quiénes deseen visitarlo. 
En el borde del cerro donde se encuentra este fuerte, a modo de balcón con vistas a la ciudad hay una enorme estatua de Benito Juárez, uno de los presidentes más emblemáticos de la nación, y bajo sus pies, un cartel luminoso con las coloridas letras del nombre de Campeche, que pueden ser vistas desde el llano de la ciudad. 
Otro de los atractivos de este enclave colonial es pasear por su malecón, construido con mucho encanto y para comodidad de los campechanos, dispone de carril peatonal, carril para bicicletas, gimnasio al aire libre, varios monumentos y dos puertos, el deportivo y el pesquero. 

Al final del paseo hay una zona de palapas donde disfrutar de unos cócteles a ritmo de música latina. Así que si vais a Campeche no dejéis de disfrutar de su brisa marina con el sonido de las aguas oscuras del Golfo de México.  

Desde Campeche hay varias excursiones que se pueden hacer, entre ellas la Ría de Celestún (que ya explicamos en el post de Izamal, Cuzamá y Progreso por que no la visitamos) o las ruinas de Edzna, que decidimos saltarnos pues tenemos que empezar a seleccionar las ruinas que más nos interesan. Así que si que si alguien las visita y quiere colaborar con este post, puede hacerlo a través de los comentarios. 
Ahora sí, nos despedimos de Campeche. Nos vemos en Chiapas.

sábado, 18 de febrero de 2017

Izamal, Cuzamá y Progreso

Nos seguimos encontrando en Mérida, ciudad con una gran variedad cultural y donde también encontramos una amplia variedad de puntos cercanos donde descubrir otras localidades, fauna y como no, más ruinas. En cuanto a la fauna se halla Celestún, una reserva de flamencos rosas, muy recomendada por ser la época del año para la migración de esta ave hacía esta laguna desde otros puntos de la península, pero como nosotros habíamos estado en Río Lagartos, dónde ya quedamos maravilla nos por su elegancia, decidimos no ir a esta, al igual que a Uxmal, otro gran complejo de ruinas, las cuales, a nuestro pesar desistimos de ir. Viajar también significa decidir sobre camino que uno va construyendo, lo que a él se le añade o ya no tiene significado hacer.
Lo que si que no nos pudimos perder fue Izamal, un pequeño pueblo con dos peculiaridades. Una el atrio, así es como se le llama al patio del convento de San Antonio de Padua. La especialidad de este es que es el segundo más grande del mundo, después del de la basílica de San Pedro del Vaticano, dónde el Papa Juan Pablo II ofreció una misa dirigida a toda América Latina, y donde se erigió una estarían su honor.



Y la segunda peculiaridad es que el pueblo, sus casas, bancos, restaurantes, iglesias y el mismo convento están pintados de amarillo, así es, todo está pintado de amarillo, era como estar dentro de un canario. Izamal es un pueblo de un amarillo brillante y reluciente por el sol, con carruajes de caballos que recorren sus calles invitándote a dar un paseo, coronado por este convento tan majestuoso y espacioso, decorado por guirnaldas.


Nos pareció un punto muy recomendado del México alejado de la playa y turismo maximizado. Eso sí, en dos horas has recorrido el pueblo, visitado el convento y los restos de algunas ruinas mayas que posee. Estas están bastante deterioradas y se encuentran en varios puntos de la localidad, sin vallas o entradas, libres y formando parte de la vida del pueblo. Uno se encuentra puntos de ruinas en la calle, sin buscarlas.


Pero bien es sabido hasta ahora que para nosotros no todo es cultura, siempre hay momentos para la diversión y en esta ocasión nos volvemos a ir de ruta de cenotes. Existe una localidad a una hora en autobús de Mérida llamada Cuzamá dónde nos encontramos con un nuevo tipo de cenotes: los cavernosos.
Estaba un día MJ en una tumbona, relajada, al lado de la piscina, siendo devorada por feroces mosquitos, cuando un empleado del hostal se le acercó diciendo si ella y Carlos estaban interesados en ir a Cuzamá al día siguiente. Ella intrigada, le contesto que si, que precisamente ese era su plan para el día siguiente. En la recepción se encontraban un amable chico francés y una señora viajera estadounidense que buscaban otras dos personas para compartir viaje hacía esta interesante aventura en la que sabían, deberían contratar una excursión, siendo cuatro la mejor forma y más barata de realizarla. Así que, sin más cavilaciones, formaron equipo para el día siguiente.
Temprano, muy temprano nos encontramos los cuatro en la recepción y pusimos rumbo hacía la ajetreada ciudad en busca de las furgonetas que nos llevarían hasta Cuzamá. Tras una hora de viaje, entre un amena conversación, llegamos. Ya en la misma parada del autobús nos dijeron que primero debíamos pagar un carrito/moto que nos llevaría hasta las afueras y el punto de inicio del verdadero tour, a unos 10 km de distancia. Fue aquí cuando comprendimos que el día prometía ser divertido. Llegamos a un descampado con algunos puestos de comida y un apartado con más carros, esta vez no con moto, si no tirados por caballos. 


Como alguno sabréis, Carlos tiene unas poquitas alergias, una de ellas es al pelo de caballo, pero sin pensárselo dos veces cogió la camiseta y se la puso a modo turbante, tapando nariz y boca para que no le afectará al respirar.
Así que una vez arreglado este problemilla, nos sentamos en el carrito, nos acomodamos como pudimos y comenzamos a movernos. Este carro, imaginamos que para mejor manejo, va sobre unos raíles, como si fuese un tren. La sensación es de montaña rusa a ras de suelo, con curvas, subidas y bajadas, sin frenos, el animal y jinete como controladores de la velocidad. Tras un ratito de diversión llegamos al final del rail, seguimos con rato más de otro carrito/moto y de vuelta a otro carro de caballo. Habrá quien haya pensado, si es como un rail, si viene otro caballo de frente, ¿Qué pasa? Pues no pasa nada, simplemente comienza un proceso: los pasajeros se bajan, se desengancha el caballo, se quita el carro de los raíles, pasado segundo carro y caballo, se vuelve a poner el carro en los raíles, se vuelve a enganchar el caballo, se suben los pasajeros y se continua con el recorrido ¡Ya avisamos que sería divertidísimo!
Bien, pues el fin del recorrido, de tanto cambio de vehículo, es descubrir tres cenotes, pero nada como lo que habíamos visto hasta ahora, estos son tres cenotes cavernosos. Dos de ellos son, literalmente, un agujero en el suelo del tamaño de un persona grande con una escalera por la que se baja hasta una caverna con agua fresquita, llena de estalactitas y de raíces de árboles que bajan por el techo para beber del agua. Iluminadas únicamente por algunos rayos de sol que se filtran por pequeños agujeros.


El ultimo de los cenotes era un pasadizo de 10 metros, bastante oscuro y estrecho, que te obliga a reflexionar sobre como fue descubierto este corto pasadizo de agua. Pasamos el día entre saltos y risas, tanto en el agua como en el traslado entre cenotes. Al haber tenido que contratar un tour, el tiempo en los cenotes era limitado a una media hora en cada uno, y es entendible, porque sobre las 12.00 se comenzó a notar una mayor afluencia de gente. Como fuimos bastante temprano pudimos disfrutar de tranquilidad y espacio, hasta que llegamos al último cenote, el cuál se comenzó a llenar bastante en el momento en el que a nosotros nos tocaba irnos, es más, cuando nosotros volvimos estaban faltos de carros para transportar a los turistas que llegaban, tuvimos que esperar una media hora en uno de los cambios porque no había carros de caballos disponibles.


Una vez más nos alegramos de haber madrugado. El último de los lugares que conocimos desde Mérida es Progreso. Este un pueblo costero, echábamos un poquito de menos la playa, y debido al fuerte calor de esta ciudad decidimos que podíamos dedicar un día al mar.


 Progreso esta a unas dos horas de la ciudad, y por un módico precio de 19 pesos (0.95€) el billete de autobús no podía ser un día mal invertido. Pero a decir verdad, el lugar nos decepcionó un poquito. No es un pueblito de pescadores, ni mucho menos, un gran turismo está concentrado en la calle principal que enlaza la estación de autobús con el paseo marítimo, también llevo de restaurantes. La playa también se encontraba a rebosar de mesas, sillas y sombrillas donde los restaurantes venden sus bebidas o cada uno puede traer la comida de casa, como uno desee. Todo ello con un mar bastante picado y revuelto. Al final de la playa se encuentra el muelle más largo del mundo, concretamente unos 6,5 km, destinado a cruceros y barcos de gran envergadura, junto a otro bastante más pequeño en el que los lugareños se dedican al arte de la pesca. 


Tras dar una vuelta y comprobar que en una hora habíamos recorrido dos veces el paseo maritimo tomamos una decisión, no queríamos irnos de vacío y con un sabor amargo, así que después de echar un vistazo a los precios del pescado nos dimos cuenta que este era el día de comer pescaíto frito. Por 100 pesos (5€) nos comimos un kilo de pescado frito, lo que equivale a dos peces cada uno, junto su arroz, frijoles y tortillas de maíz, porque no hay que olvidarse que estamos en México.


Comparte esta increíble aventura con nosotros en el siguiente enlace Video Izamal, Cuzamá y Progreso

lunes, 13 de febrero de 2017

Mérida, Yucatán, México

Llamada la Ciudad Blanca, capital del estado de Yucatán, ciudad colonial, con una gran variedad cultural. Museos, galerías de arte, casas coloniales majestuosas y mucha vida callejera, a todas horas del día. Así es Mérida.

De esta ciudad nos atrajo la opción cultural de una gran urbe como el lugar donde pasaríamos las fiestas navideñas, y el hecho de haber encontrado un hostal con piscina y clases gratuitas de cocina yucateca y de salsa, con la visita diaria de un cantante de trova (antiguo estilo de música muy poética, de origen francés). Decidimos que podríamos pasar los días de Navidad disfrutando de la alegría de aprender algo nuevo cada día.

Fué fundada en 1542 y construida en el emplazamiento de una antigua ciudad Maya, que fue totalmente destruida y cuyas ruinas fueron utilizadas para la construcción de la catedral de Mérida y otros edificios importantes.


Como parte del abanico cultural callejero que nos ofrece nos encontramos con nuestro ya adorado “Domingo Familiar”, este es un gran mercado con música, comida tradicional y atracciones para el disfrute familiar celebrado cada domingo en todo el país, que junto a un calendario semanal en el que cada día hay una actividad como bailes populares (llamado vaquería), paseo en bicicleta por el casco histórico, una representación del famoso juego de pelota maya y serenata, forma una ciudad vibrante de vida en la que la calle está muy integrada en el día a día y dónde la cultura a ofrecer es inmensa y variada.


Dentro de la oferta de museos que se ubican en la ciudad, nosotros visitamos el Museo de Arte Contemporáneo (MACAY), de entrada gratuita, donde nos deleitamos contemplando varias salas de cuadros llenos de imaginación. Este museo está ubicado junto a la catedral, la cual se ubica en la plaza central y parece ser el centro de esta vida, a uno de los lados se encuentra el edificio destinado a la representación de la historia de la ciudad, comenzando en la época de la conquista española, relatando la ferviente oposición maya, las cruentas opresiones ejercidas sobre este pueblo, como fue llevado hacia un abismo lleno de enfermedades, esclavismo, imposición de la religión católica y perdida de derechos, lo que los llevo a pasar por varias rebeliones, siendo la más fuerte la llamada “La Guerra de Castas”, guerra que comenzó en 1847 y duró unos 55 años, terminando con la imposición del gobierno hacia los sublevados. Gran parte de ellos tuvieron que refugiarse en la selva para no perder sus tradiciones, conservar su identidad y tener una tierra donde vivir.


No cansados de tanto aprendizaje el último punto cultural de nuestra estancia en Mérida fue dedicado al Gran Museo del Mundo Maya, dónde por 150 pesos (7,5€) cada uno, nos empapamos de historia de la humanidad, con un ala dedicada al surgimiento de la vida en la tierra. En este punto algunos pensareis, ¿y que pinta esto con los mayas? Y la verdad es que directamente no mucho, pero es que el meteorito que impacto con la tierra extinguiendo a los dinosaurios y por él que se cree fue posible que surgiera la naturaleza y la vida que hoy conocemos, impactó en este lugar precisamente, en la península de Yucatán, más concretamente al norte, cerca del mar y en este museo se conservan algunos trozos de él. Con lo que respecta a la cultura maya que nos presenta el museo, esta se divide en dos épocas, los mayas hoy en día, intentando resurgir y mantener sus ancestrales costumbres, gastronomía, idiomas, música, danza y sobre todo creencias religiosas y medicinales, habiendo llegado junto al catolicismo reinante como creencia religiosa a una simbiosis en los rituales y festividades. Y en la segunda parte, los mayas de ayer, dónde descubrimos que la raza humana está hecha de maíz, el mundo es cuadrado y formado sobre un cocodrilo en un lago, con cuatro árboles (Ceiba o yaxché) sobre él, uno a cada punto cardinal, de diferentes colores, blanco, negro, rojo y amarillo, simbolizando la abundancia. Todos ellos unidos en un árbol verde central que sostiene toda vida. Como imagináis pasamos horas y horas en el museo, aprendiendo y conociendo esta fascinante cultura que se resiste fuertemente a desaparecer a pesar de haber sido masacrada.

Además de sus innumerables y majestuosos edificios coloniales, el centro histórico de Mérida cuenta con un sinfín de pequeñas placitas, cada una con su iglesia y un pequeño parque, rodeadas por algunos más humildes y otros más elegantes restaurantes. Pequeños rinconcitos donde vendedores de artesanías y artistas callejeros les dan un encanto especial que hace a uno detenerse en cada una de ellas. Entre nuestros favoritos se encuentran el Parque de Santa Lucia, Parque de Santa Ana, Parque de San Juan y Parque de la Mejorada.

A parte del precioso centro histórico colonial de la ciudad, uno de los grandes atractivos de Mérida es su impresionante paseo Montejo, una señorial avenida de cinco kilómetros y medio de largo, inspirada en boulevard de estilo francés. Actualmente es la avenida más de moda de la ciudad, pues además del monumento a la bandera y el museo de antropología de Mérida, se encuentran los hoteles y pubs mas modernos de la ciudad, la mayoría instalados en antiguos palacetes y mansiones del siglo XIX, construidos por la clase adinerada de la ciudad que enriqueció con la producción y comercio del henequén, material muy preciado en la época. Éste agradable paseo debe su nombre a Francisco de Montejo, conquistador de Yucatán y fundador de la ciudad de Mérida.



En nuestro viaje nos hemos encontrado con varios mercados, tanto artesanales como de souvenirs y de comida. Mercados tradicionales hechos para el turista y mercados de fruta y verdura, carne y pescado, todo bajo el mismo techo. Pero el que se encuentra en esta ciudad es algo descomunal, son tres pabellones donde poder encontrar de todo lo inimaginable, ropa, calzado, fruta y verdura, pescado, carne, productos de higiene y limpieza, utensilios de cocina, especias, animales vivos, esperando a ser comprados como gallina, conejos o hámsters. En este mercado cada cosa tiene su lugar, y todo encuentra su espacio. Estuvimos todo un día recorriéndolo, perdiendonos en un laberinto de estrechos pasadizos.


Como ya dijimos al principio, pasamos las fiestas en esta ciudad, habíamos quedado con una pareja de amigos que conocimos en Valladolid, y que recordaréis por el post de X'keken, Samula y San Lorenzo de Uxmal, Marco y Mara. Entre todos pensamos que no hay mejor manera que disfrutar de una rica cena a base de pescado para la Noche Buena, y eso fue lo que hicimos. Nos engalanamos y buscamos un restaurante donde poder probar el ceviche mexicano, un plato de pescado crudo marinado en limón, acompañado de cebolla, tomate y chile, todo muy picado y siempre coronado por unas rodajas de aguacate. Disfrutamos de una rica cena, un par de cervezas y algún que otro cocktail (Carlos probó los margaritas), para terminar la noche, nos hablaron de un bar baratito con música en directo, perfecto para la ocasión. Se trata de el Mayan Pub, que junto con la Mezcalería (lugar donde se dan clases de salsa), son los sitios preferidos de la vida nocturna en el centro de la ciudad.

Noche Vieja fue algo diferente, aunque también la disfrutamos con personas que conocimos en el hostel, pero chocamos con la tradición mexicana, y es que estas fiestas son muy familiares, por lo que casi todos los restaurantes y bares cierran para disfrutar la noche en familia. Solo quedan abiertos los grandes hoteles. Nuestra mejor opción fue ir al supermercado, comprar bebidas y a medio día encargar la comida para cenar. Nos compramos nuestro vinito, botella de cava y, como no, uvas, tradición que también se practica en este país.

A lo largo de la noche también descubrimos que hay otra tradición que también se nos da bien a ambas nacionalidades y es la de ¡liarla mucho saliendo de fiesta! Los chupitos de tequila aquí son más fuertes, eso si. Y así despedimos el año, entre tequilas y bailes latinos, liandonos los pies con las pocas clases de salsa que habíamos dado, pero entre risas y buen ambiente, porque si algo tiene Mérida y la amabilidad de sus gentes.

En este enlace podrás conocer esta ciudad de nuestra mano Video Mérida

Ek-Balam, Yucatán, México

Después de la buena decisión hecha con madrugar mucho para ver Chichén Itza, hoy nos toca otro súper madrugón para ir a Ek-Balam, otra zona arqueológica cercana a Valladolid. Y es que cada día está ciudad nos sorprende más.
Ek-Balam son unas ruinas mayas ubicadas a unos 30 kilómetros al norte de Valladolid, en Yucatán. Ya el día anterior buscamos la mejor forma de llegar, y esta vez no era en autobús, si no en taxi. Así que nos levantamos prontito, fuimos a por el taxi, y como los gastos hay que compartirlos esperamos a otras dos personas para irnos.
Tardamos una media hora en llegar, con el objetivo cumplido, no había demasiados coches. Llegamos a la taquilla y… ¡madre mía! No nos esperábamos el excesivo precio de este lugar, 190 pesos (casi 10€) para ser exactos. Pero ya estábamos ahí, así que para adentro.
Esta antigua ciudad estuvo rodeada por tres murallas, lo que te ayuda crear una idea de lo importante que tubo que ser este lugar. Al pasar por la puerta de lo que sería una de ellas, encontramos un arco de entrada, como un símbolo hacia los magníficos templos que aparecen detrás de él.
Cruzamos el arco y rodeamos una construcción hasta llegar a una gran plaza con varios majestuosos edificios rodeados de una intensa selva. Hasta ahora nos hemos encontrado con asentamientos formados por varias construcciones no muy altas entre las que la pirámide principal sobresale. En este emplazamiento todas las construcciones son considerablemente altas. Entre ellas encontramos el Palacio Oval, al sur, donde se cree que residía la nobleza, y dos pequeñas pirámides idénticas a la izquierda de esta, destinadas al culto, y otro edificio bastante destruido y comido por la naturaleza a la izquierda. Coronando la plaza, en el centro, nos encontramos con una estela, esta es una gran piedra ovalada donde se dibujaba un momento o personaje histórico del lugar, en esta ocasión una representación del gobernante llamado Ukit Jol Ahkal.
 

Continuando el recorrido hacia el norte, por la avenida principal encontramos la joya del lugar, una gran pirámide, de 29 metros de alto, que contiene la tumba de Ukit Le'k Tok', otro gran gobernante del lugar. A media subida de esta pirámide, a lado izquierdo, encontramos un friso de escayola adornado como un jaguar con la boca abierta, rodeado de colmillos, custodiando una puerta, en cuya parte alta hay una figura de un rey en su trono con un guerrero a cada lado. Continuamos la subida por las empinadas escaleras, pensando en pobrecito quien tuviera que hacer esto cada día… llegamos a lo alto rojos como jitomates (así se le llama al tomate rojo en México) y una vez más, nos quedamos sin habla por la inmensidad que nos rodea, la jungla en toda su expresión, el verde más vivo bajo un brillante sol.


Como hemos explicado los templos se ubican en una plaza, y este último está enfrente de ellos, por lo que desde lo alto de la pirámide se ven el Palacio Oval y las pirámides gemelas, es impresionante ver lo que fue un importante punto de la ciudad desde la inmensidad de las alturas. Uno se tiene que quedar 10 minutos, en silencio, y admirar, solo admirar. 

Tras haber absorbido todas las mejores vibraciones posibles de esta sobrecogedora vista bajamos de la pirámide. Había comenzado a apretar el calor, nos apetecia un bañito, y vaya que suerte que cerca de estas ruinas, a 1,5 km andando esta el cenote Xcanche. Como buenos viajeros que se preparan, nosotros ya sabíamos de su existencia y veníamos con el traje de baño puesto y la toalla en la mochila.


No hace falta salir de las instalaciones de las ruinas, pero si uno quiere ir al cenote debe pagar unos 40 pesos (2€) extra. Este cenote está organizado por una cooperativa indígena maya y cuenta con una serie de servicios, como es una tirolina que lo cruza, un punto de rapel, baños y un restaurante de comida tradicional. Como cada uno de estos servicios tienen un coste adicional, nosotros nos quedamos contentos con solo darnos un baño en su fresca agua y jugar con una cuerda colocada especialmente para poder saltar.
Una vez refrescados y ya cansados de tanto chapotear, nos disponíamos a irnos del lugar cuando vimos una gran palapa, o casa abierta de paja, con hamacas en su interior, al visualizar este lugar pareció como si de repente un sueño profundo nos envolviera en sus garras y nos obligara a tumbarnos en estas hamacas un ratito, que se convirtió en un par de horas.  


Nos costó volver a levantarnos, salir al calor de nuevo y volver el kilómetro y medio que separa el cenote de la entrada al parque y la zona de taxis . Esperamos unos 20 minutos hasta llenar nuevamente un coche y poner rumbo hacia Valladolid.

lunes, 6 de febrero de 2017

Chichén Itza, Yucatán, México

Hoy visitamos una de las siete maravillas del mundo y como yo hay que llegar temprano.
La noche anterior conocimos en el Hostel a dos estudiantes mexicanos, que acabado el semestre estaban viajando por la zona sur del país y al día siguiente iban a visitar Chichén Itza, al igual que nosotros, así que decidimos ir todos juntos.
Cuando antes dijimos pronto significa ser casi los primeros en entrar en el parque para evitar en todo lo posible los autobuses de tours turísticos que llevarían sobre las 11. ¡Y lo conseguimos! Llegamos sobre las ocho, la taquilla recién abierta.
Una vez pasas al recinto ya te la encuentras de frente, te quedas sin respiración, a la madre de todas las pirámides, la pirámide de Kukulkan. Es simplemente magnífica, ubicada en el medio del terreno, puedes rodearla, admirarla desde todos los ángulos.

Esta es una de las pirámides más enigmáticas de la cultura mesoamericana por infinitas razones. Por ejemplo el fenómeno que ocurre durante los equinoccios de verano y otoño, donde las nueve plataformas del templo proyectan siete triángulos invertidos formándose lo que parece una serpiente que desciende desde lo alto con el avance del sol. Esta es la serpiente emplumada, de nombre Kukulkan. Este juego de luces simboliza la bajada del dios, por el que es nombrada la pirámide, a la tierra en el comienzo de épocas de lluvia.
Otra curiosidad es que, no como todas las demás pirámides que son un conjunto de piedras, esta posee una subestructura sobre la que edificaron la segunda, la queremos hoy en día, es decir, que tiene otro templo dentro a su vez construido este sobre un cenote, hoyo en el suelo lleno de agua salada que simboliza la entrada al inframundo. Estaréis de acuerdo que estos datos le otorgan una magia especial al lugar. Pero esto no es todo.
En el momento que comenzaron a entrar los guías se les oía dar palmadas, cada dos por tres, unas palmadas. Pensamos que sería la forma de llamar a su grupo para que no se perdiera o dispersará, pues no, es el último dato curioso que arrojaremos sobre la pirámide. Por lo visto esta construida para actuar como resonador gigante y producir ecos extraños y provocativos. Las palmadas se realizan desde un único punto donde el eco provoca el sonido de un pájaro, en concreto el torneo del quetzal, ave sagrada en la cultura, y ese sonido solo es posible escucharlo desde el mismo lado en el que se produce. Asombroso, verdaderamente mágico.
Hasta hace un tiempo el acceso al público hasta la parte alta de la pirámide estaba abierto, pero hoy en día para poder conservarla mejor, esta cerrado. Hemos de decir que al igual que antes pensábamos nosotros, muchos pensareis unos imaginareis la pirámide como una única construcción, uno va, la ve, y ya está todo hecho, pues no. Chichén Itza es una impresionante ciudad Maya fundada en el 525 a.C., la pirámide de Kukulkan, es la figura que todos conocemos.
Como antigua ciudad que es pose varias edificaciones destinadas al culto o a la generación de guerreros y reyes; como el templo de los Guerreros y el de las mil columnas.

Otra de las construcciones que más sorprende es el sonido “el Caracol”, este es un observatorio, así es, ya estudiaban las estrellas que nos rodean. Esta ciudad también contaba con su propio cenote al aire libre, ora puerta al inframundo donde hacer los sacrificios humanos, en este, por desgracia, principalmente de niños.

Y un juego de pelota, con la cancha de mayores dimensiones: 168 metros de largo por 70 metros de ancho. Recordamos que el juego de pelota está destinado a recrear el nacimiento de la raza maya, es la lucha de los dioses sol y luna cobra el inframundo, intentando hacer pasar una pelota por unos aros en alto decorados con la serpiente emplumada (Kukulkan). Esta cancha está exactamente en la misma orientación de la pirámide, es decir, que su eje norte-sur tiene la misma desviación, 17° hacia el oriente.

Como última estructura destacaremos la llamada Tzompantli, donde empalaban, ante la vista pública, las cabezas de los enemigos para honrar a los dioses y aumentar el miedo de nuevos enemigos. Esta estructura es un gran altar cuadrado, como una gran mesa, rodeada de dibujos de calaveras que se aprecian con bastante claridad.

Pero esta no era su única función, se cree que también celebraba la vida, no solo la muerte. Los cráneos de enemigos acompañaban al sol desde el amanecer hasta medio día, cuando las mujeres muertas en parto tomaban posición hasta el ocaso para viajar al inframundo hasta el nuevo amanecer, y así sucesivamente.
Entre tanto edificio, construcción e historia pasamos unas tres horas de recorrido muy entretenido y ameno, hasta que el sol comenzó a apretar con su calor. Durante todo el tiempo pudimos observar como los comerciantes montaban sus puestos de artesanía y los turistas llegaban sin descanso, en grandes grupos, cada vez más y más, hasta que no fue posible tomar una foto en la que no apareciese un extraño. Ahí decidimos que ya habíamos cumplido nuestro propósito, que ya habíamos observado la magia de este lugar, escarbado en sus curiosidades y admirado su arquitectura.
Antes de irnos hacia la salida, echamos una última vista atrás, a la majestuosa pirámide, tan perfecta.

Para poder ver una de las siete maravillas del mundo con nosotros, accede a este enlace Video Chichen Itza